Marina Callis: El arte se funde con la artesanía.
La costura como estado de calma
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Hace tres mil años Anaxágoras propuso que la mano, y no el cerebro como solemos creer, es el rasgo primogénito y distintivo de nuestra especie.
Dos mil años después, en una Buenos Aires fervorosa que Galeno no podría haber imaginado, una joven estudiante de medicina retoma esa misma premisa. Marina Callis pide un préstamo de 400 pesos a su hermana, va al barrio del Once en el que confluyen en unas pocas cuadras siglos acumulados de manufactura textil, y busca piedras e hilos de colores vivos y arma, casi jugando, su primera línea de collares, enhebrados y tejidos. Su motor era crear piezas alegres, coloridas, luminosas y ligeras, que sumaran belleza a quien las usara.
El trabajo manual de coser y plegar telas durante horas introduce un tiempo que por momentos se suspende: un tiempo no cronológico, donde la repetición se vuelve un estado de calma al que conduce la acción misma de coser. La costura es su forma de habitar ese lugar. Una práctica ancestral que, en la historia personal de Marina, vuelve para revalidarse y empoderarse. Un matriarcado de madre, abuela y tías, todas ligadas al mundo textil: máquinas de coser, agujas de tejer, lanas, hilos, telas. El saber hacer con las manos era algo natural en ese entorno. De allí surge, en parte, su formación autodidacta. Una médica que un día se transforma en joyera.
Callis evoluciona muy rápido y converge a un lenguaje íntegramente textil, incluso en los cierres y broches, diseñados especialmente para preservar la coherencia del proyecto y mantener una textura hipoalergénica, suave y amable con la piel.
En los últimos años, el arte ha vuelto con fuerza hacia lo textil. Artistas como Sheila Hicks, Magdalena Abakanowicz o Teresa Lanceta han hecho del hilo, el pliegue y la repetición una forma de reflexión sobre el tiempo, el cuerpo y la memoria. En ese contexto, el textil deja de ser soporte para convertirse en gesto, proceso y volumen. Callis dialoga con esa tradición desde otro lugar: no desde el museo, sino desde el taller, desde la práctica artesanal cotidiana, donde la experimentación ocurre con las manos.
Ese diálogo se vuelve explícito en una colaboración con el Museo Thyssen de Madrid, de diseño de joyas inspiradas en obras de su colección permanente. La línea Mapas trabaja con la paleta de colores de una obra sin título de Clifford Still (1965): crudos, blancos, azul marino y marrón, con bordes irregulares que remiten a mapas y territorios
Marina Callis
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